El búho no ha muerto

Arquitectos de la nada

Martes 29 de Noviembre de 2011

 Pedro Ferriz

• En esta semana de Teletón, démosle un valor al propósito de cambiar la vida a nuestros niños con cáncer o una clara limitación

“Divide y vencerás”. Máxima de Julio César. División: suma de parcialidades segmentadas exprofeso. Nunca un entero ni un todo. Siempre fragmentos. Si hay algo que caracteriza a México en este momento, es su falta de unidad. Nos urge un movimiento que aglutine intenciones. Lograr un efecto suma que borre divisiones y restas. Suma y multiplicación como consecuencia. La división nos ha roto. Desvinculado. No existe nada que nos haga comunes. ¡Ni México!
Cuando el “Divide y vencerás” pesa en contra —como en nuestro caso—, lo que habríamos de pensar es ¿Quién se beneficia de esta circunstancia? La delincuencia, el crimen organizado y desorganizado. Los políticos y empresarios voraces. Siempre sacan algo. Pero también hay los arquitectos de la nada. Estos enemigos inconscientes que tienen su herramental para imprimir la división entre la sociedad. Los eternos frustrados. Los Don Nadie. Pesimistas que a todo intento multiplicador, sin darse cuenta siquiera, proponen inmediatamente la división. Ahora que tan necesaria es la suma... provocan la resta, para disminuir la dimensión de nuestras opciones. Eterna disquisición de operaciones aritméticas. Base del camino seguido en la historia de los pueblos.
Los mayas dejaron de ser civilización, luego de una Guerra de Castas. El largo reinado del Rey Pacal fue la puntilla para su pueblo. Los sacerdotes dejaron de ser vistos como una clase respetable. Más bien resultaron percibidos como abusivos. Los mayas de hoy, persisten... pero dejaron de brillar.
Los romanos fenecieron consumidos por la ambición. Diocesano, el último emperador dividió al imperio en oriente y occidente y el mundo pagano se confrontó al cristianismo. Con esto Roma dejó de ser generadora de la vanguardia.
Los españoles sucumbieron ante su división. Tuvo un nombre: “La Santa Inquisición”, que no fue otra cosa más que la envidia hecha movimiento. Llevaron a la pira al generador de riqueza o iniciativa. Quemaron en la hoguera a los que debieron admirar. España no levantó porque acabaron pesando más las visiones autonómicas. Vascos, catalanes, gallegos, asturianos, andorranos. Suma de regiones, con una propuesta subyacente de división.
Los chinos resultaron divididos por políticas de aislamiento que los hicieron dejar de nutrirse de la aportación externa. Su agrietamiento fue sordo. Comerciantes y piratas disputaron por el Mar de China, lo que forzó a la Dinastía Ming a cerrarse en un aislamiento oscurantista.
La Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, abandonó el concepto del “Soviet” (unión). Eso borró lo “Supremo”. Las Repúblicas que conformaban esta Confederación, perdieron su identidad, misma que hasta la fecha siguen buscando. Canadá no alcanzará la punta, mientras “los québécois” se sigan sintiendo un enclave. La base de su filosofía es no sentirse de Canadá, sino de Quebec, resultando en una no integración. División otra vez.
Estados Unidos, que por definición ha sido un país de migrantes, tiende a abandonar su esencia para verse hacia adentro. ¿Perderá su hegemonía ante un camino egoísta de segmentación?

¿Porqué Lula fue un gran estadista? Porque le hizo ver a su pueblo que eran uno solo. Brasil no es ni rubios de ojos azules, ni negros de pelo hirsuto. ¡Brasil es Brasil! Pueblo apto ante el mundo.
Hu Jintao logra levantar a la China del siglo XXI cuando la convence que son, no sólo un gran pueblo, sino un mismo ente social, político y espiritual. Hu inoculó en su gente un sentido de orgullo.
Como vemos, división es debilidad. Multiplicación es nutriente.
Ya basta de dividir a México. Empecemos por detonar lo que nos une.
En esta semana de Teletón, démosle un valor al propósito de cambiar la vida a nuestros niños con cáncer o una clara limitación física o mental. ¡No puede ser que hasta en esto haya una división! Me pronuncio orgulloso de promover un país unido por su acción. Dejemos fuera a los “arquitectos de la nada”. Esos críticos de todo y hacedores de nada.

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